viernes, 12 de octubre de 2012

A parte de la gente no se le da bien el "aparte"

Después de un tiempo sin aportar nada nuevo por diversos motivos personales, he decidido seguir añadiendo distintas dudas lingüísticas del español. Así que, ¡allá vamos!

Una de las dudas "clásicas" de los que escriben en español es si deben escribir aparte o a parte. El problema es que ambas formas son posibles, aunque una es mucho más común que la otra. ¿Cuál se emplea más? Aparte. ¿Por qué? Vamos a verlo.

En primer lugar, es necesario saber que aparte suele ser un adverbio que significa 'en otro lugar', 'separado', 'al margen'. Así se usa en la mayoría de los casos: "Tienen que intentar dejar aparte las motivaciones personales". Con de forma la locución adverbial aparte de, que sustituye a 'además': "Aparte de por su carrera militar, César es conocido por su faceta de escritor".

A veces, podemos encontrar aparte como adjetivo o sustantivo. Para el primero sirve de ejemplo la conocida oración "Es un caso aparte", y para el segundo, más raro, "hice un aparte con María para tratar el asunto", donde el aparte sustantivo indica que se habla en otro lado, sin más gente.

Entonces, ¿cuándo usaremos a parte? Pues en los pocos casos donde coinciden la preposición a y el sustantivo parte. Comparemos las siguientes oraciones:
  1. Con ese discurso trató de convencer a sus amigos.
  2. Con ese discurso trató de convencer a parte de sus amigos.
Como puede verse, la a es la preposición obligatoria regida por el complemento directo de persona, que a veces puede encontrarse con el sustantivo parte, 'porción indeterminada de un todo'. En estos casos, relativamente infrecuentes, debemos escribir preposición y sustantivo separados.

Un truco muy útil es, si tenemos dudas, intentar introducir un artículo (normalmente un/a) entre a y parte: si es posible, se escriben separados porque son palabras diferentes; si es imposible o cambia el sentido, se escribirá junto, porque es una única palabra. Véase:
  1. Con ese discurso trató de convencer a una parte de sus amigos.
  2. *A una parte de por su carrera militar, César es conocido por su faceta de escritor.
Así pues, basta con recordar este sencillo truco para no equivocarse; además, por estadística, casi siempre acertaremos más si escribimos aparte.

lunes, 16 de enero de 2012

El burro por delante

Conste que voy a hablar de burros, no de alumnos, por mucho que a veces se puedan identificar. Y es que el burro, en nuestra cultura, parece simbolizar a las personas vulgares o poco inteligentes; por eso los escolares torpes acababan con orejas de burrito. No siempre es así, sin embargo: en muchas fábulas se identifica con un animal que suele llegar a viejo y, por eso, representa la sabiduría más popular. Así lo recogen Esopo y Fedro en muchas fábulas. También George Orwell hace que el burro de Rebelión en la granja, Benjamín, sea el único que se dé cuenta de lo que está ocurriendo en su nueva sociedad. Por cierto, recomiendo encarecidamente la lectura de este libro, es muy bueno.

Sin embargo, en la fraseología popular ha solido pesar más la concepción del borrico como un animal algo estúpido. Así, a los que anteponen el "yo" al resto de las personas gramaticales (*yo y tú, por ejemplo), se le dice aquello de "el burro por delante, que no se espante". Esta costumbre fue bastante común hasta el siglo XVIII, y Cervantes lo coloca antepuesto muchas veces. Sin embargo, la cortesía se fue imponiendo y en siglo XIX casi nadie se saltaba la norma.

El asno da para mucho, en realidad, y tiene parte en significaciones muy diversas. Por ejemplo, cuando se pone de vuelta y media a alguien, es decir, cuando se habla muy mal de una persona, se dice que "se le ha puesto a caer de un burro". Y todos lo hemos hecho, ¿eh? Por otro lado, y hablando de cosas graciosas, cuando se quiere hacer valer que, en contra de lo que se dice, el tamaño importa, decimos "el burro grande, ande o no ande". Pero, eso sí, a veces hace falta discreción, dependiendo de la situación: por eso se comenta "bien sabe el asno en qué casa rebuzna", aduciendo que hay que saber dónde se habla.

Finalmente, del siglo XVIII proviene una de las fábulas más conocidas sobre la tontería de los borriquitos: Tomas de Iriarte firma la fábula El burro flautista, de donde viene la expresión, quizá cada vez menos conocida, "como el burro, tocaste la flauta por casualidad". No me resisto a poner el texto completo, que nos indica como sin reglas ni estudios, es imposible tener buenos resultados artísticos y literarios:


Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.


Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un Borrico
por casualidad.


Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.


Acercóse a olerla
el dicho animal
y dio un resoplido
por casualidad.


En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.


"¡Oh!", dijo el Borrico,
"¡Qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!".


Sin reglas del arte
borriquitos hay,
que una vez aciertan
por casualidad.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Pájaro de mal agüero

Cuando se dice de alguien que es un "pájaro de mal agüero" estamos indicando que un hecho o una persona presagia desgracias o da mala suerte. También se llama "agorero" al que nos recuerda todo el tiempo que nos van a pasar cosas malas.

"Agüero" viene de la palabra latina augur, que se utilizaba para denominar a los sacerdotes que se dedicaban a predecir diversos hechos útiles utilizando métodos muy diversos, como el análisis de los hígados de las ocas y otras aves sagradas. De esta palabra viene el verbo español "augurar", 'adivinar o pronosticar el futuro'. Los augures eran personajes muy importantes en Roma, porque con sus predicciones influían en el pueblo y acababan teniendo razón. Por ejemplo,  si auguraban un mal resultado en la batalla, los soldados salían desmoralizados, y es fácil que pierdan por ello, aumentando así la fe que se tenía en sus palabras.

Las aves eran a menudo el método de adivinación de estos sacerdotes: se valoraba su especie, su número, su canto y la dirección de su vuelo. Cicerón, por ejemplo, se pregunta intrigado por qué son favorables el vuelo del cuervo a la derecha y el de la corneja a la izquierda. También Plutarco da diversas indicaciones al respecto. Es por eso que la frase que nos ocupa nombra a las aves como portadoras de mala suerte.

Sin embargo, diversos dirigentes romanos se burlaron de la suerte según las aves: Apio Claudio Pulcher se encontró con que, según los augures, los pollos sagrados no quería comer, lo que indicaba que perderían la siguiente batalla naval. Entonces el general dijo: "si no quieren comer, que beban", y los lanzó al agua.

Finalmente, cabe indicar que, a pesar de que en las películas y los libros de terror se ha identificado el cuervo con el ave maldita, eso no es de todo exacto: en el mundo romano muchas fueron las aves que traían buena o mala suerte, no solo el cuervo. Esta atribución se deberá, seguramente, a que el cuervo es negro, color infausto, y se alimenta a menudo de carne muerta. Por ello otras culturas, como la hebrea, lo han identificado con lo impuro: Noé soltó un cuervo para ver si había acabado el diluvio, pero no volvió. Sí lo hizo la paloma, símbolo de pureza. Como curiosidad, el cuervo es el pájaro más nombrado por Shakespeare en sus tragedias Otelo y McBeth.


Referencias: García Remiro, José Luis (2001). ¿Qué queremos decir cuando decimos...? Frases y dichos del lenguaje diario. Madrid: Alianza.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Concordancia y discordancia


A ver, hoy vamos a atacar un tema no demasiado difícil, pero sí lioso: la concordancia. La concordancia es una característica fundamental de las lenguas que, en el caso de la lengua española, se define en el Diccionario Panhispánico de Dudas como "la coincidencia obligada de determinados accidentes gramaticales (género, número y persona) entre distintos elementos variables de la oración". Normalmente distinguimos entre:

  1. Concordancia nominal: Es la propia del núcleo del sintagma nominal con sus determinantes o complementos. Esta concordancia es de género (masculino/fememenino) y de número (singular/plural), y se produce entre:
    • El sustantivo y su determinante o su adjetivo: "una gata blanca".
    • El pronombre y su referencia: "A tus hijos me los encontré en el parque".
    • El sujeto con el atributo, el complemento predicativo o el participio de un verbo en voz pasiva:
      • "Las niñas son preciosas" [Sujeto > Atributo]
      • "Ellos se encontraban cansados" [Sujeto > C. Predicativo]
      • "Los cuerpos fueron hallados en el barranco" [Sujeto > Participio]
  2. Concordancia verbal: Se establece entre el sujeto y el verbo, y es de número y de persona  (primera, segunda o tercera): "Los niños cantan muy bien".
En general, los hablantes nativos no tienen problemas con la concordancia. Sin embargo, existen algunos casos de duda que conviene conocer para no equivocarse. Pueden resumirse en las siguientes normas:
  • Cuando en un sujeto se enumeran varios elementos en singular, el verbo debe ir en plural; ese plural es la suma de varios singulares: "La azucena y la margarita son blancas". Ahora bien, cuando cada uno es de un género diferente, predomina el masculino: "El gladiolo y la margarita son blancos".
  • Las construcciones partitivas están formadas por un cuantificador + de (muchos de ellos, una de nosotras, algunos de vosotros, etc.) y siempre concuerdan en género con el cuantificador, a pesar de que el grupo general integre masculino y femenino. Por ejemplo, *Es una de los alumnos más brillantes es incorrecto; debe decirse "Es una de las alumnas más brillantes", aunque haya alumnos y alumnas en el grupo.
  • Sin embargo, las construcciones cuantificador + de + sustantivo plural, como la mayoría de nosotros, el resto de los libros, multitud de problemas, etc. pueden concordar en singular o en plural, aunque se prefiere el plural, porque hay casos en los que es obligatorio. Es decir, es más fácil hacerla en plural, porque siempre es correcto: "Una infinidad de manifestantes se congregaron en la Puerta del Sol".
  • Los sustantivos epicenos (esto es, tienen el mismo género para macho y hembra, como langosta, jirafa, mosca, rinoceronte...) concuerdan según el género de la palabra, no según el sexo. Esto da lugar a divertidas expresiones, como "Ese rinoceronte está embarazado", que, sorprendentemente, es lo correcto.
  • Los sustantivos colectivos son los que indican, en singular, un grupo de individuos, como rebaño, familia, grupo, gente... Son algo problemáticos en cuestiones de concordancia, porque:
    • Si son núcleo del sujeto, el verbo DEBE ir en singular, a pesar de los frecuentes errores orales: "Esa gente ayer estuvo en la obra".
    • Pero si es una oración coordinada copulativa, el segundo verbo puede ir en singular o en plural, porque en el segundo caso se sobreentiende un sujeto: "El rebaño iba por la cañada y, al final, subieron (las ovejas, ellas) poco a poco la ladera".
    • En las oraciones copulativas con ser tenemos una doble norma:
      • Si el atributo es un sustantivo, verbo y atributo van en plural: "Esa gente son unos asesinos", "El problema son las elecciones".
      • Si el atributo es un adjetivo, verbo y atributo van en singular: "Esa gente es desorganizada".
  • Con los tratamientos de respeto como ilustrísima, majestad, excelencia, señoría, etc., la concordancia se hace con el género de la palabra, no con el sexo del referente. Esto es, la concordancia es en femenino: "Su graciosa majestad Jorge II".
  • Las contrucciones  de tipo o de carácter + adjetivo se posponen a un sustantivo para asignarle, de manera indirecta, una determinada característica. El adjetivo que expresa dicha característica ha de ir en masculino singular, pues debe concordar con las palabras "tipo" o "carácter": así, decimos "La situación puede obedecer a una razón de tipo estratégico", no *estratégica, porque tipo es masculino.

Bibliografía: Real Academia Española (2005): Diccionario Panhispánico de dudas. Versión en línea [Consultado: 11/11/2011].

miércoles, 26 de octubre de 2011

El "porqué" del "si no"

Hoy toca trabajar un tema de ortografía práctica que suele costar bastante, que son las formas casi homófonas porque, por que, porqué, por qué, sino y si no. Cada una de estas formas tiene un uso determinado que conviene analizar:
  • Por qué es la combinación de una preposición y un pronombre o un adjetivo interrogativo o exclamativo, por lo que lo utilizamos en las preguntas directas o indirectas: "¿Por qué no estudias más?", "Le pregunté por qué no estudiaba más".
  • Porque es una conjunción causal, por lo que es la opción ideal de las respuestas a las preguntas: "¿Por qué no estudias más? Porque no tengo tiempo". También aparece en las oraciones causales, donde puede ser sustituido por ya que o puesto que: "No te lo dije porque me daba vergüenza".
  • Porqué es un sustantivo, por lo que admite determinantes e, incluso, la formación de un plural: "El porqué de las cosas", "No entiendo tus porqués".
  • Por que es el menos habitual. Está formado por una preposición por seguida del relativo que; el truco está en que podemos intercalar un artículo entre ambos: "¿Sabes la causa por (la) que has suspendido?". También puede aparecer, en ocasiones, con un valor final frecuente en la lengua oral: "Lo hice por que (= para que) lo consiguieras".
  • Si no está formado por una conjuncion subordinante condicional, si, y un adverbio de negación, no: "Si no lo consigues, tendrás problemas". Es fácil ver que va separado, porque si la oración es afirmativa, si va solo: "Si lo consigues, no tendrás problemas".
  • Sino es una conjunción coordinante adversativa: "No haremos ese ejercicio, sino el siguiente"; suele ir tras una coma. Como sustantivo, significa 'destino': "Suspeder matemáticas es mi sino".

No es difícil, pero hay que acostumbrarse. ¡Suerte, y a por todas!

lunes, 24 de octubre de 2011

Hacer un brindis al sol

Para los que han tenido clase conmigo en estos dos últimos años, esta frase resultará conocida. Sin embargo, me he dado cuenta de que no está en este blog... ¡y eso no lo puedo permitir!

La expresión "hacer un brindis al sol" implica una declaración de intenciones, una promesa que en realidad no compromete a nada, porque es imposible demostrar que se ha incumplido. Es muy típico en política, pues se dice: "vamos a impulsar el empleo" o "se reforzarán las políticas culturales"... ¿y cómo se comprueba que no ha sido así? Por eso se utiliza para promesas o compromisos que no quedan en nada: "El protocolo de Kioto, un brindis al sol", podemos leer en la prensa.


Los brindis, en realidad, son una formulación de buenos deseos que suelen darse al final de los banquetes y celebraciones, levantando la copa de vino o licor, pues con agua da mala suerte. También los toreros brindan el toro al público o a alguna persona en especial. De una de estas dos costumbres ha de venir la expresión.


Referencias: García Remiro, José Luis (2001). ¿Qué queremos decir cuando decimos...? Frases y dichos del lenguaje diario. Madrid: Alianza.

miércoles, 12 de octubre de 2011

En olor de multitudes

El otro día se hablaba en clase de la hipercorrección, y puse como ejemplo una locución que conviene conocer: en olor de multitudes, cuyo significado es 'con el aplauso popular, general'. Así decimos, por ejemplo, que "el Barça celebró la copa por las calles de Barcelona en olor de multitudes". 

Muerte de Santa Teresa, anónimo del s. XVIII.
Se dice que Santa Teresa murió
"en olor de santidad", por lo que olía a flores.
Puse este ejemplo ya que algunos han pensado que ese olor es una tergiversación de loor, que significa 'alabanza, aplauso', ya que no parece que el olor de una multitud (que no suele ser precisamente estupendo) pueda dar a entender el amor popular. Loor es una palabra no ya culta, sino cultérrima, y estos hablantes, en su afán por la pureza del idioma, hipercorrigen una locución perfectamente correcta.

Esto es así porque, en primer lugar, *en loor de multitudes no está documentada en ningún texto clásico, mientras que sí que encontramos la expresión sobre la que se calcó esta: "en olor de santidad". Así se decía que morían las personas que habían llevado una vida virtuosa y, de hecho, muchas fueron hechas santas, como Santa Teresa de Jesús, de la que se decía que, días después de muerta, su cuerpo olía a flores.

Temas de fe aparte, olor significaba también, según el Diccionario de Autoridades (1726-1739), la fama, la opinión o la reputación de ciertas cosas. Por eso un asunto nos huele mal, es decir, nos produce una mala opinión o tiene mala reputación. 

Sea como sea, en olor de multitudes es una expresión correcta, aunque a veces es utilizada por la prensa con demasiada frecuencia. 


Referencias: García Remiro, José Luis (2001). ¿Qué queremos decir cuando decimos...? Frases y dichos del lenguaje diario. Madrid: Alianza.