jueves, 31 de marzo de 2011

La misa

¡No sabes de la misa la media! Así decimos cuando alguien tiene poca idea de un asunto o está mal informado. Y también decimos: esto va a misa, cuando algo resulta indiscutible y no puede ser contestado. 

Ambas expresiones provienen de la importancia que la misa ha tenido siempre en la vida de los españoles. La primera expresión seguramente proviene de que, hasta no hace mucho tiempo, existía una carrera eclesiástica abreviada para lo que no quisieran más que ser curas de aldea, también llamados "bonetes de pueblo" o "curas de misa y olla", que solo sabían decir misa e ir a comer. Eso pudo hacer que la gente sencilla pensara que estos curas eran tan sencillos que no se aprendían ni siquiera bien toda la misa, y por eso no sabía de la misa la media. De ahí se habría extendido a todo el que no supiera bien una cosa. 

Hay que tener en cuenta que la misa era en latín, lengua que no se comprendía, y los parroquianos se sabían de memoria las palabras, y no el significado. A algunos curas les pasaba lo mismo, y como cada misa, según el día, puede ser distinta, había curas que solo se sabían una, como el famoso fraile simple de los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, que solo sabía la de Santa María, y por eso ella lo salvó de la furia del obispo. Aquí pongo el principio, en perfecta cuaderna vía, un poco adaptado:

Era un simple clérigo pobre de clerecía,
decía siempre misa de la Santa María,
no sabe decir otra, la dice cada día,
más la sabía por uso que por sabiduría.

Fue este sacerdote al Obispo acusado
que era idiota, mal clérigo probado;
Salve Sancta Parens sólo tenía usado,
no sabía otra misa el torpe embargado.

Por su parte, que se diga que algo va a misa proviene de la costumbre antigua de llevar a misa como ofrendas parte de los frutos del campo, de los productos de la huerta, de los dulces del horno... Estas ofrendas se seleccionaban entre las cosas mejores, unas veces por devoción y otras por obligación, puesto que estaba muy mal visto, entre vecinos, llevar las peores cosas. En algunos pueblos, como el de mi abuela, aún se hace: un día al año se adornan cestas con espigas, lazos y flores y se llevan llenos de roscos de anís (buenísimos), que el cura bendice. Aunque, en este caso, las cestas y los roscos vuelven a casa... ¡y nos ponemos las botas!

Referencias: 

  • Berceo, Gonzalo de (1255?). Milagros de Nuestra Señora. Alicante: Biblioteca Virtual Cervantes, 2000.
  • García Remiro, José Luis (2001). ¿Qué queremos decir cuando decimos...? Frases y dichos del lenguaje diario. Madrid: Alianza.

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