domingo, 15 de junio de 2014

El uso y el huso

La Aurora de La Bella Durmiente a punto de irse a dormir.
A pesar de que se lee muy a menudo *uso horario, el uso correcto es huso horario. Esto se debe a que la palabra no tiene nada que ver con el sustantivo uso, sino con huso, que en geometría se aplica a "una parte de la superficie de una esfera comprendida entre dos planos que se cortan en el diámetro de aquella". Dicho así parece raro, pero sólo hay que imaginar una mandarina a modo de esfera para entender que la superficie de un gajo sería un huso de la esfera total. Aplicado a la tierra y a la distribución de la hora en cada "gajo", tenemos que cada porción en la que se divide la esfera terrestre es un huso horario.

La palabra huso proviene del latín fusus, mientras que uso, del latino usus; la homofonía se produjo porque la f- inicial de las palabras latinas fue evolucionando en español hacia la pérdida de sonido, que escribimos con h-. Por eso de filium se llegó a hijo y de fratrem, a hermano. Como, además, al hablante le parece que en cada zona del planeta se "usa" la hora de una forma diferente, se produce la confusión.

La bella e insulsa Aurora ante el huso
de la rueca en Maleficent
Por otra parte, el término huso ha vuelto a ponerse de moda gracias al cine: en la película de Disney Maléfica se recupera y versiona el cuento de La bella durmiente, donde está el huso más famoso del mundo: el de la rueca, donde la bella y cantarina princesa se pincha el dedo. Este huso es en realidad un eje que se va adelgazando en las puntas y que sirve para devanar el hilo, pues este se va enrollando alrededor de él. El huso y la rueca datan del Neolítico y su invención supuso una verdadera revolución, pues permitió que se fabricaran hilos finos con los que poder tejer.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El perro de las dos tortas

En México es muy común escuchar como advertencia que "te vas a quedar como el perro de las dos tortas", haciendo referencia a que por querer abarcar dos o más cosas al mismo tiempo, o por no decidirse entre dos posibilidades, al final nos quedaremos sin ninguna. Para los foráneos, una torta es un tipo de bocadillo mexicano, generalmente formado por un bollo de pan tierno relleno de jamón u otras carnes, abundante verdura, queso, etc.

Resulta curioso que al buscar datos sobre esta extendida frase aparecen en internet numerosas versiones sobre un perro que por querer comerse dos tortas, se quedó sin ninguna. Lo que nadie parece haber notado es que su origen se remonta a mucho más que a una anécdota: a las fábulas del griego Esopo, viejo amigo de este blog, que vivió en el siglo VI a. C. A Esopo se atribuye una famosa fábula, El perro y el reflejo en el río, que dice así:

Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un sabroso pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo.
Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su supuesto compadre.
Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no existía, sólo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente. 
Moraleja: Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.

Esta fábula fue puesta en latín por Fedro durante el siglo IV a. C., exponiendo el mismo problema y la misma idea central, con el título El perro que atravesaba el río con un trozo de carne:

Pierde merecidamente lo propio quien apetece lo ajeno
Un perro que atravesaba a nado un río llevando en su boca un trozo de carne, vio su imagen en el espejo de las aguas y, pensando que otro perro llevaba otra presa, quiso arrebatársela. Pero su codicia resultó engañada, pues soltó el alimento que tenía en la boca sin poder agarrar por eso el que deseaba.
Lo que resulta muy interesante es que en la versión mexicana, más que por el deseo de lo ajeno, el cuento ha derivado en la imposibilidad de abarcar demasiado. En este sentido sería un equivalente al refrán "quien mucho abarca, poco aprieta".

lunes, 3 de febrero de 2014

Un adefesio

Ayer mismo comentábamos que fulanita "iba hecha un adefesio", aunque también podría ser "es un adefesio", pues ambas formas se oyen por ahí, a pesar de que la habitual es la primera. Generalmente se dice de una persona de aspecto ridículo, extravagante o que es muy fea. Inmediatamente recordé el origen del dicho, que había leído en alguna parte, y se me ocurrió comenzar este año en el blog con tan curiosa expresión.

La palabra adefesio proviene, como muchas otras cosas, de la Biblia, concretamente del Nuevo Testamento. Seguro que si alguien ha ido a misa alguna vez habrá oído "Carta de San Pablo a los efesios", que en latín se dice Ad Ephesios, esto es, 'a los habitantes de Éfeso'. De ahí adefesio. Lo complicado es saber por qué el decir popular adjudicó la ridiculez, la extravagancia,el disparate y la fealdad a esta palabra.

Miguel de Unamuno, por ejemplo, cree que se trata de una derivación desde el anterior hablar adefesios: decir despropósitos, disparates o absurdos. Basándose en Villalón en Viaje a Turquía (1557), la expresión provendría de que en el capítulo V de la Epístola a los Efesios se indica que "las casadas están sujetas a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer" y "maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a su Iglesia" y otras máximas; el pueblo habría escuchado estas cosas y, como casi nunca se cumplían, habría relacionado adefesio con consejos o dichos absurdos, disparatados.

Otros investigadores, sin embargo, han sostenido otras teorías: una, que es la que mantiene el Diccionario de la RAE, es que San Pablo corrió peligro y estuvo a punto de morir en Éfeso, por lo que su prédica estéril, absurda para los efesios, habría llevado a la palabra adefesio a adquirir ese significado; otra sería la basada en un brillante efesio, Hermodoro, que a pesar de sus discursos fue condenado al ostracismo (expulsado de la ciudad): por eso hablar ad Ephesios habría pasado a significar el hablar inútilmente a personas que no hacen caso.

Sin embargo, no se sabe por qué de hablar adefesios se pasó a ir hecho un adefesio, aunque nadie quiere que se le adjudique ninguna de las dos. No voy a despedirme sin nombrar la obra teatral El Adefesio, de Rafael Alberti, que se estrenó en Buenos Aires el 8 de junio de 1944 con dos de las mejores actrices españolas del siglo XX: Margarita Xirgú y María Teresa León, esposa ya del escritor.

lunes, 9 de septiembre de 2013

El coño de la Bernarda, con perdón

Existen, al menos en la tradición de España, diversas frases que aluden a los lugares y las situaciones en las que reina el caos y la confusión. Curiosamente, las tres que vamos a tratar aquí tienen que ver con personajes peculiares, a veces míticos, cuya historia produjo una frase para la posteridad. Claro que, como vemos en el título, unas más educadas que otras.

La primera que se me viene a la mente es la casa de Tócame-Roque, expresión que nos llega de Madrid. Se dice de la casa o el lugar donde cada uno hace lo que le parece, y se producen a menudo pleitos y jaleos. Por lo visto, existió tal lugar, en la calle del Barquillo, en Madrid, y se hizo famoso por aparecer en un sainete de Ramón de la Cruz, La Petra o la Juana o El Buen Casero, que pronto fue conocida por el título La casa de Tócame-Roque. Se dice que allí vivían dos hermanos, Juan y Roque, que discutían mucho, y el primero le decía al segundo: "Tócame a mí, Roque; tócame, Roque", y así surgió el dicho. También Mesonero Romanos, el gran costumbrista de Madrid (Escenas matritenses, 1836) habla de esta casa. Luego Galdós la utilizará ya como expresión popular, desvinculada de la famosa casa, llamando a la política nacional un patio de Tócame-Roque (Episodios Nacionales, 1911). 

Curiosamente, la expresión ha ganado otro significado, muy próximo a la de el perro del hortelano, ni come, ni comer deja o ni deja comer, que se dice de los amantes (generalmente, en realidad, de las mujeres), que se quejan de que las pretendan, pero que si se les deja de hacer caso, se quejan de que ya no lo hagan, o les piden su favor. El perro del hortelano es una comedia de Lope de Vega que utilizó como título un antiguo refrán. En el caso de Roque, se dice: Tócame, Roque... ¡Mamá, que Roque me ha tocado! con el mismo sentido.

Un corral de comedias
También de Madrid nos viene, con un significado sinónimo, la frase el corral de la tía Pacheca o simplemente el corral de la Pacheca. Parece documentado que el tal corral era un teatro (llamados "corrales" o "corrales de comedias" en el siglo XVI) que estaba en la Calle Burguillos. Pertenecía a Isabel Pacheco, conocida como "la Pacheca", y de ahí el nombre. Relacionarlo con la confusión era normal, pues estos corrales eran lugares de reunión en los que no se guardaba el recato que se espera en los teatros actuales... Pero esa opinión me la guardo por ahora. Por cierto, que El Corral de la Tía Pacheca es el nombre de un famoso tablao flamenco.

Finalmente, con el mismo sentido de lío y confusión, encontramos la frase el coño de la Bernarda, la más divertida de las tres, y de la que conozco al menos tres explicaciones, pues tres regiones se disputan su origen: las Alpujarras granadinas, Ciudad Real y Sevilla. En Granada se dice que Bernarda era una vieja santera que recibió la aparición de San Isidro una noche en la que estaba afligida por no haberse casado y tenido hijos, pues según ella "no es buena la mujer de cuyo higo no salen hijos". El bueno de San Isidro se le presentó y le tocó el coño, literalmente, y este quedó santificado. Así, las gentes del lugar iban a su casa a tocar sus partes milagrosas, con las que sanaba enfermos, multiplicaba las cosechas y muchos otros prodigios. El sacerdote del lugar, por lo visto, tenía mucha fe en el coño de Bernarda: cuando murió muchos males asolaron la región; el sacerdote la mandó desenterrar y se había convertido en polvo, excepto su coño, que se mantenía incorrupto. Así, mandó que se convirtiera en reliquia de la Iglesia, no sin problemas con la Santa Inquisición. 

La versión ciudarrealeña es parecida, salvo que esta Bernarda vive en el monte, y salva, bendice y cura a los pastores solo si tocan su parrús. Examinada por monjes, estos certificaron su poder beatífico. En Sevilla es donde el mito es más aburrido, y seguramente más cierto: Bernarda sería una prostituta famosa en la región, por cuyo higo pasaba todo hijo de vecino. En cualquier caso, decir ahora que el Congreso parece el coño de la Bernarda da a entender que es un guirigay, en donde nadie se entiende, todo es desorden y confusión. Vamos, que es el Congreso.

Fuentes


lunes, 2 de septiembre de 2013

Las vueltas del verbo "venir"

Un amigo, Fernando Ruvalcaba, me ha pedido que comente cuándo es correcto utilizar viniste y cuándo *veniste... Sí, ¿se ve el asterisco? Eso significa que nunca es correcto emplearlo, así de fácil. Otra cosa es que sí se use y, por lo visto, en México se emplea bastante. La pregunta entonces es sencilla: ¿por qué se produce este error?

En mi opinión, se trata al mismo tiempo de un ejercicio de analogía y de disimilación. Vayamos por partes: primero, la analogía. La analogía se produce cuando, ante la duda, se utiliza la forma que creemos correcta por parecido con otra. En este caso, el infinitivo es venir, con e, y la mayoría de las formas de indicativo se forman con esta vocal: vengo, venía, vendrá... Es por eso que los hablantes piensan que la forma debería ser con e. Sin embargo, también hay muchas formas con i o con ie: vino, vienes, vinieron... ¿Por qué entonces analogía con la e? Aquí entra en juego la disimilación, que es el cambio que se produce para diferenciar dos sonidos que se hacen complicados de pronunciar por estar próximos: como en viniste hay dos íes seguidas, los hablantes piensan que "suena mejor" que la primera sea una e. Es por eso que creo que se produce la forma *veniste en lugar de la correcta, viniste.

Por otra parte, alguien se preguntará por qué hay tanta alternancia vocálica: unas formas con e, otras con i y otras con ie, cuando todas las formas del latín venio, el verbo de donde proviene nuestro venir, son con e. Pues bien, se debe a que esa e unas veces era tónica y otras, átona es decir, a veces se pronunciaba fuerte, con acento (como en pérfido) y otras se pronunciaba débil, porque había otra tónica (como en ventana o en doble). También influye el hecho de que vaya antes de la vocal tónica,  fuerte (de nuevo, ventana) o detrás (otra vez doble), entre otras cosas. En realidad, el sistema en latín utilizaba para establecer la tonicidad de las vocales una distinción que hemos perdido, la duración de la vocal: era diferente una e larga de una e breve. Pero para efectos de explicación, nos sirve el tema del acento. En resumen, es por eso, por ejemplo, que venio produjo vengo; veniunt dio vienen y veniste derivó en viniste: depende de distintos fenómenos fonéticos de acento y colisión de sonidos.

Para acabar, conviene recordar que también es incorrecta la forma *vinistes (o *venistes, que sería doblemente incorrecta). Esta -s espuria se añade por otra engañosa analogía: como en el presente de indicativo la segunda persona del singular lleva -s (tú amas/temes/vienes), los hablantes creen que lo correcto es añadirla al pretérito perfecto simple (el tiempo de pasado), y sobre las correctas amaste, temiste y viniste, construyen las formas *amastes, *temistes y *vinistes (o *venistes), que ahora ya sabemos que conviene rechazar.

lunes, 26 de agosto de 2013

¿Adónde te escondiste...?

Adonde/a donde presentan  confusión en su uso respecto a donde. Ambas formas son consideradas adverbios relativos que señalan la dirección de un movimiento, por lo que se usan con verbos de movimiento como ir, venir, llegar, regresar, subir, bajar, etc., donde es necesaria esa a de dirección (decimos ir a un sitio, llegar a casa, subir al ático, etc.). Será incorrecto usar adonde o a donde indicando simplemente lugar, esto es, en lugar de donde o, a veces, en donde: Estaba donde/*adonde me dijiste (pues no decimos *Estaba a casa, sino en casa).

Por otra parte, también ha existido cierta confusión normativa respecto a si se ha de usar adonde o a donde. Estas formas introducen con frecuencia, como es lógico, oraciones de relativo: Bajamos a la calle, adonde nos esperaban nuestros amigos. Hasta hace poco la RAE aconsejaba usar la forma a donde si no aparecía el antecedente, esto es, la palabra a la que hace relación el adverbio relativo (en el ejemplo, a la calle); y se podía usar adonde con o sin antecedente: Regresamos adonde/a donde nos esperaba el taxi. Sin embargo, el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) de la Real Academia indica que esta distinción no ha cuajado en el uso y hoy pueden escribirse ambas formas en todos los casos.

Además, es necesario señalar que es incorrecto usar estas formas tras cualquier preposición; en estos casos, la forma correcta es donde: Fui hacia donde/*adonde me dijiste.


Por su parte, los interrogativos adónde/a dónde, que significan 'a qué lugar', están igualmente restringidos al uso con valor de movimiento, en este caso en preguntas directas o indirectas: ¿Adónde/A dónde me llevas? Las dos son correctas, pero, como con los relativos, no deben usarse por dónde o en dónde: Me pregunto dónde/*adónde nos encontramos ahora mismo. Tampoco se usan tras otra preposición, excepto si introduce la interrogativa indirecta: No tengo ni idea de a dónde quieres llegar, pero ¿Desde dónde/*adónde me llamas? No puedo dejar de citar la primera estrofa de una de las liras más famosas que escribió San Juan de la Cruz, que inicia el Cántico espiritual:

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido.

Finalmente, adondequiera es un adverbio de lugar que significa 'a cualquier sitio', y puede ser sustituido por dondequiera en todos los casos, aunque específicamente este significa 'en cualquier sitio' y por ello con verbos de movimiento resulta más adecuado el primero: Te seguiré adondequiera que vayas, mejor que Te seguiré dondequiera que vayas, aunque ambas sean correctas. No se admite en ninguna de las dos la escritura en dos palabras, excepto si coinciden adonde/donde y el verbo querer, con los significados 'al/en el lugar que desee': Una persona tiene derecho a vivir donde quiera. En estos casos, es posible introducir el pronombre de tercera persona singular él/ella entre ambas palabras: La llevaré adonde (ella) quiera. La escritura en tres palabras es siempre incorrecta: *a donde quiera.

Esta entrada me ha recordado, con tanto donde y tanto quiera, aquellas dos quintillas famosas que José Zorrilla escribió en Don Juan Tenorio, que paso a reproducir para terminar esta entrada tan técnica:

Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

sábado, 24 de agosto de 2013

Tiempo de vacas flacas

Hoy me apetece comentar algunas frases sobre el aciago futuro que nos espera. En nuestra tradición católica y occidental, el futuro siempre es visto como un tiempo oscuro y que presentará dificultades, sobre todo si en el presente disfrutamos de cierta abundancia o de ociosidad. Además, cuando ese futuro se concreta, nunca falta alguien que nos diga el famoso "yo ya te avisé" o "te lo dije", porque en su tiempo esta persona profetizó nuestra decadencia.

En este contexto se enmarca una frase como Tiempo de vacas flacas, que hace referencia a un momento de escasez y penuria frente a un pasado opulento. Se trata en realidad de una alusión al famoso episodio del Antiguo Testamento que trata sobre José, hijo de Jacob, y los sueños del faraón: vendido como esclavo por la envidia de sus hermanos, José termina encerrado en la cárcel por la falsa denuncia de la esposa de Potifar, quien lo había comprado y confiaba en él, pues lo acusaba de haber intentado abusar de ella; sin embargo, ella lo había llamado a su cuarto y él la había rechazado. Allí descifró los sueños del copero y del panadero del faraón, que tres años más tarde lo llamaría, por indicación del copero, para que descifrara su sueño: siete vacas gordas y lustrosas pacían junto al Nilo y eran devoradas por siete vacas escuálidas y famélicas. Esto fue interpretado por José como siete años de abundancia a los que seguirían siete de escasez, por lo que el faraón debía guardar en tiempos de bonanza para sobrevivir en las malas épocas. El faraón quedó muy impresionado y lo nombró su mano derecha, con poder sobre todo Egipto.

La idea de guardar en los buenos tiempos para sobrellevar los malos es una constante en muchas culturas, y sale a relucir sobre todo en los tiempos aciagos, recordándonos que deberíamos haber sido previsores. Así lo explica también la fábula La cigarra y la hormiga, atribuida al griego Esopo (circa 600 a. C.), y puesta en español por Samaniego en el siglo XVIII:

Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del precioso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
le djo: "Doña Hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo".
La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?"
"Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento".
"¡Hola! ¿Con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo".

Muchos son los dichos populares y refranes que recogen también esta tradición de trabajar y guardar cuando se tiene para que el futuro sea feliz: El que guarda, siempre tiene, por ejemplo. Una particularmente curiosa es Ya vendrá el tío Paco con las rebajas, que nos decían las madres cuando nos veían ociosos y despreocupados mientras se acumulaban las tareas por hacer, o gastando dinero sin ahorrar ni un céntimo. No se sabe muy bien quién es este tío Paco, pero hay varias explicaciones a la frase: una la relaciona con los impuestos y los gastos, pues cuando hacemos un trabajo, pesamos que ganaremos tanto dinero, pero luego llegan "las rebajas": tanto para Hacienda, tanto para transporte, tanto en comer... Así, las rebajas del tal Paco son todas esas cosas que nos iban a dejar con una parte de la ganancia que esperábamos. Otra tiene que ver con el vino: el vino se rebajaba en los mercados con agua, con lo que se abarataba. En cualquier caso, la frase ha pasado a ser advertencia de males futuros cuando nos creíamos tan dichosos.

Finalmente, otra frase que habla sobre el trabajo presente para el bien futuro es Hacienda hecha, dinero espera, que en mi casa se dice con frecuencia para indicar que hay que hacer las cosas ahora y no dejarlas para luego (el famoso No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy), para así ya quedarse tranquilo y esperar los resultados. Pero también puede usarse reivindicativamente, indicando que si ya está el trabajo hecho, deberíamos cobrar con prontitud.