jueves, 20 de enero de 2011

Recoger el guante


La locución recoger o coger el guante significa, simplemente, aceptar un desafío. También se puede lanzar el guante, si es que se está proponiendo un desafío a alguien. Lo que quizá no se sabe es que proviene de las normas del duelo, tan típico de nuestro Siglo de Oro: si un cortesano arrojaba un guante a otro a la cara o al pecho se le estaba retando a un duelo, y recogerlo significaba aceptarlo. Esto era casi obligatorio, pues no aceptarlo significaba la pérdida del honor y la muerte social, casi peor que la muerte física que solía acontecer a uno de los duelistas. Pero había manchas de honor que solo se lavaban con sangre. Existen numerosos episodios literarios sobre esta cuestión. Así lo vemos en Capítulo XII del falso segundo tomo de Don Quijote de la Mancha, de Alonso Fernández de Avellaneda:


El gigante, sin hacer caso de lo que Sancho decía, sacó un guante de dos pellejos de cabrito, que traía ya hecho para aquel efeto, y dijo, arrojándole a don Quijote:

-Levanta, caballero cobarde, ese mi estrecho y pequeño guante, en señal y gaje de que mañana te espero en la plaza que dijiste, después de comer.

Y con esto, volvió las espaldas por la puerta que había entrado. Don Quijote alzó el guante, que era sin duda de tres palmos, y diósele a Sancho, diciendo:

-Toma, Sancho, guarda ese guante de Bramidán hasta mañana después de comer, que verás maravillas.


Ahora bien, de dónde salió la costumbre, nadie lo sabe, pero no falta quien dice que el guante es lo que pillaba más a mano a la hora de tirar algo al otro. Hoy día no nos batimos en duelo, pero nos ha quedado la frasecita en cuestión.

Curiosamente, los guantes dan mucho de sí para diversas frases hechas. Así, echar el guante es atrapar a alguien o apropiarse de algo ("Juan le ha echado el guante a unas botellas de vino"); decimos que una prenda de ropa queda como un guante cuando se ajusta perfectamente a nosotros y nos queda bien; existen los ladrones de guante blanco, y se dijo echar un guante para expresar que se ayudaba a alguien, como hoy decimos echar un cable. Hay que ver... ¡a mí que los guantes siempre me habían parecido poco útiles!

Referencias:
  • García Remiro, José Luis (2001). ¿Qué queremos decir cuando decimos...? Frases y dichos del lenguaje diario. Madrid: Alianza.
  • Fernández de Avellaneda, Alonso (1614). Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Disponible en www.wikisource.org.

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